«No lo cargues que se acostumbra”, “Déjalo llorar para que haga pulmón”,” Ese bebé ya te tomó la medida” “ Si lo dejas llorar aprenderá a dormir solo y sin llorar”, “Ese bebé está embracilado” “ no lo cargues para que se haga independiente”

Es lo que escuchamos de la sociedad todas las que nos convertimos en madres al tener a nuestros bebés en brazos cuando nuestro instinto materno nos dice todo lo contrario que nuestro bebé necesita estar cerca de nosotros para calmarse.

Pero la pregunta sería la siguiente ¿realmente es lo socialmente o lo biológicamente adecuado para el desarrollo físico, mental y emocional de nuestros bebés?

Los bebés al nacer aprenden que el mundo es hostil y lleno de sufrimiento pues ahora no tienen el nido cálido del útero donde recibían el calor, los sonidos y la presencia de mamá que para ellos era todo su mundo.

Al nacer lo común es que los recién nacidos sean alejados de sus madres, les corten inmediatamente el cordón umbilical sin dar tiempo a que su cuerpo se adapte a la nueva respiración y circulación neonatal  para poder vivir  fuera del útero de su madre, los secan con telas secas y rasposas que no se asemejan en nada al contacto con mamá, son llevados a los cuneros donde se tienen que adaptar a no escuchar a mamá, sin sentir su calor ni su seguridad.

El bebé llora con desesperación y sus pulmones no están aún acostumbrados al aire y se sobre esfuerzan al igual que su corazón, llora incansablemente en espera de que alguien venga en su ayuda pero nadie acude a su llamado , el bebé se cansa y se queda dormido  y así una y otra vez que el bebé es cargado para cambiarle el pañal o bañarlo, el queda en espera de que su madre lo consuele cosa que no sucede

Creemos que el dejar a nuestro bebé en un cunero para que nosotras descansemos o ya en casa dejarlo solo en su Moisés o su cuna y dejarlo llorar para que se “acostumbre a no llorar y se duerma solo” no tiene consecuencias pues desde los médicos hasta nuestros familiares nos lo repiten constantemente y aunque nuestra oxitocina e instinto materno nos dicen todo lo contrario solemos por presión social hacer lo que es socialmente correcto en nuestra cultura occidental.

El dejar llorar a los bebés tiene muchas consecuencias para la salud física, mental y emocional de nuestros bebés a corto, mediano y largo plazo

De acuerdo a varios estudios de las neurociencias, los bebés a los que se les deja llorar para que aprendan a dormir solos, a no manipularnos o para hacer pulmón, se sienten solos pues no están mamá o papá presentes y se asustan, entran en un estado de estrés elevado y ansiedad.  A nivel cerebral se producen grandes cantidades de hormonas del estrés como la adrenalina y el cortisol que provocan afectaciones en su cerebro y muchas de sus neuronas se verán afectadas en sus conexiones o morirán ya que el cortisol provoca muertes neuronales además de dañar partes del cerebro que rigen las emociones y el lenguaje.

Los niños no aprenden a calmarse, por el contario estas áreas del cerebro se colapsan cuando el niño llora hasta cansarse, su cerebro produjo hormonas y opiáceos para calmarlo, es decir le provocamos un shock neuroemocional provocado por el miedo como nos menciona Rosa Jové en su libro Dormir sin Lägrimas.

Cuando la parte del cerebro del bebé conformada por la amígdala se colapsa por mucho tiempo esto provoca a la larga la producción de niveles elevados de serotonina que se asocian a depresión, violencia, baja autoestima, ansiedad y síndrome de estrés post traumátiico

Otra consecuencia de esto es que los niños que aprenden a dormirse con estos shots de serotonina y opiáceos necesitarán estos para poder dormirse por lo que necesitan estresarse para poder recibir su dosis de estas hormonas  y opiáceos.

El dejar llorar a un bebé incide negativamente en su capacidad de autoregulación pues los bebés dependen de los padres o de su cuidador para aprender a autoregularse.

Cuando los padres o el cuidador son receptivos a las necesidades del bebé, es decir, lo calman, lo arrullan, lo abrazan, lo cargan cuando llora, construyen la expectativa del bebé de que será calmado y levantado en brazos , que su cuidador acudirá a su llamado y el bebé aprende a autoconfortarse.

Un niño acunado, asocia dormir con un estado relajado.

Un bebé que no es atendido por sus padres o su cuidador no puede aprender a autoconfortarse por si mismo, si se les deja llorar aprenderán que el mundo no es un sitio seguro, que nadie acudirá a  su llamado y aprenderán que es mejor estar callados ante situaciones de mucho estrés , se “cerrarán frente a estas situaciones, dejarán de confiar , de sentir y crecer ya que durante el primer año de vida el niño aprende a confiar en las personas de su entorno y  en su capacidad como persona de que puede conseguir que sus necesidades sean cubiertas por las personas que lo quieren. Cuando un niño crece en un ambiente de desinterés donde sus necesidades son ignoradas desarrollará un sentido de falta de confianza en las relaciones con las demás personas , tendrá poca autoestima y pasará toda su vida intentando llenar este vació emocional.

El cuidador que aprende a que debe ignorar a un bebé también aprende a ignorar las primeras señales de ayuda que pide un bebé antes de llorar. Los padres o el cuidador que ignoran las necesidades de los bebés y sus señales de ayuda se vuelven cada vez más indiferentes a estas por lo que el niño queda indefenso pues ya no hay una reciprocidad entre el niño y el adulto.

Cuando la parte del cerebro del bebé conformada por la amígdala se colapsa por mucho tiempo esto provoca a la larga la producción de niveles elevados de serotonina que se asocian a depresión, violencia, baja autoestima. Ansiedad y síndrome de estréss post traumátiico

Mientras más atendamos las necesidades de nuestros bebés, estos crecerán más seguros, independientes, con buena autoestima sabiendo que el mundo es seguro, confiable y lleno de amor y que ellos son dignos de ser amados y protegidos y convertirse en seres con una gran capacidad de amar a sus semejantes.

¿Qué podemos hacer ante esto?

  • Tener a nuestro bebé en nuestro pecho por lo menos la primera hora posterior al nacimiento para iniciar el vínculo afectivo  y la lactancia materna
  • Practicar alojamiento conjunto en el hospital.
  • Practicar colecho seguro.
  • Cargar a nuestro bebé en rebozo.
  • No dejarlo llorar y seguir nuestro instinto materno que siempre nos va a guiar en lo mejor para nosotras y nuestros bebés..
  • No hacer caso a los consejos que no nos resuenen y nos hagan sentir inseguras, malas madres o incompetentes. Tu bebé es sabio y tú también.
  • Cárgalo, arrúllalo, háblale, cántale, aprende a conocer sus señales y atender sus necesidades, los bebés crecen muy rápido y estos momentos con tu bebé no serán eternos.

LCCE Elena Leyva

Centro Nacser. Preparación para el parto. Estimulación e Intervención Temprana.

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